Se abre el telón, y allí, en silueta, la joven cantaora Rocío Márquez junto a sus músicos empiezan con «El Venadito», colombiana, y siguen con «Una Rosa», y así es como comienza a presentarnos su nuevo disco, «El Niño», en el que hace buen homenaje a Pepe Marchena, dentro de la Suma Flamenca de este año.
Rocío tan pronto canta como recita; su voz tiene tanto color y tanta música en sí misma, que incluso cuando canta a capela parece que hay alguien tocando escondido por detrás.
De voz clara y finísima sacó lo mejor de la escena, del público, de sus músicos, que por cierto, dieron clase magistral durante lo 65 minutos de duración del espectáculo. Todo cuidado al detalle, a destacar la iluminación, con la misma elegancia que la de la protagonista.
Podríamos dividir el acontecimiento en dos partes, una más clásica, acompañada de las guitarras flamencas de Manuel Herrera y de Pepe Habichuela y la otra en la que la artista se acompaña de guitarra eléctrica y batería. Además voces de «Los Mellis» y «Niño de Elche», muy atinados los tres en su papel.
En la parte clásica cantó por seguiriyas, al toque de Manuel Herrera, sacándonos las lágrimas y cuando ya teníamos el corazón encogido, salió el maestro Habichuela para el que Rocío tuvo palabras de admiración y agradecimiento. Y así, entre palo y palo, nos vuelven a sacar las lágrimas. Aplausos repentinos cada dos por tres, salidos del alma del respetable al que encandilaron de continuo.
En el cierre vuelta a la innovación, sin dejar en el olvido la raíz, el flamenco. Una saeta y «El Coronel» con el acompañamiento de la percusión, la guitarra eléctrica y los aullidos de «Niño de Elche». Inevitable acordarse de Morente y su particular estilo.
Tras despedirse y poner al público en pie, fin de fiesta, esta vez por fandangos, como no podía ser de otra manera, para recordar a Marchena. Para definir este momento no se me ocurre una mejor manera que repetir las palabas que Pepe Habichuela la dedicó : » Es joven todavía pero tiene aquí (toándose la garganta) un pito muy bueno».



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